Antonio Machado percibió que existen puntos de tangencia entre todas las formas culturales y hasta postuló la conveniencia a través de sus apócrifos de una gran máquina que construyera versos que podrían ser conmutados. El flamenco es una manifestación más de esos universales que de cuando en cuando coquetea con otras formas y provoca adhesiones y rechazos por la osadía de determinadas fórmulas que pretenden iniciar otras vías. Se unen por la base en lo que tienen de común de trágicas, melancólicas o alegres; deben encontrar espacios de encuentro y síntesis, así como firmeza en el propósito.
Es el Festival de la Guitarra de Córdoba en sus sucesivas ediciones ese espacio en el que coexisten armónicamente diversidad de enfoques, con el flamenco como referente. El público se transmuta y no es el habitual de estos espectáculos cuando tiene su acogida en otros espacios distintos a las plazas y a las Peñas; se pierde base popular en la asistencia, aunque se suma nuevo público al ya asistente habitualmente. La fórmula tiene su aceptación porque se combina el flamenco con códigos culturales de otras latitudes que han recibido previamente la tácita aprobación del público.
Fue Juan Manuel Cañizares, con su virtuosismo característico el que inició las actuaciones flamencas el día cuatro de julio. Mauricio Sotelo con la Orquesta de Córdoba y la intervención del guitarrista dio paso a una segunda parte en la que Cañizares interpretara Iberia flamenco, con el auxilio de la guitarra de un brillante Juan Carlos Gómez como segunda guitarra y Rafa Villalba a la percusión. Se fueron alternando evocaciones de la Suite Iberia de Albéniz, con ese marchamo flamenco que imprimió Cañizares junto a otros toques poralegrías, colombianas o rumbas. El público aplaudió largamente en pie.
La Fundación Cristina Heeren celebró el día siete la sexta edición del Certamen de Guitarra de Acompañamiento. La final permite afirmar que es la manifestación flamenca que más frutos ha dado tiempo acá en cuanto a valores firmes, dada la calidad media de los intérpretes.
Kahlo Caló fue el día siete una propuesta atrevida de Amador Rojas sobre el sentido trágico de la existencia, en lo que supone de acercamiento a la pintora Frida Kahlo, y la agonía -lucha- permanente frente a la suerte definitiva que se cierne como un fatos terrible. La armonización de representación, danza contemporánea y flamenco es bastante valiente, si bien la propuesta se mueve en una zona difusa.
Alberto Lucena, que fue Premio Nacional del Concurso de Arte Flamenco, actuó el día nueve en el Patio Barroco de la Diputación, escenario alternativo junto con el Teatro Cómico Principal, y contó con el acompañamiento de varios músicos, dos bailaoras y el cante de El Veneno y El Troya. Hizo un recorrido amplio por distintos cantes y contó con el beneplácito del público en un espectáculo titulado Alba.
 
Tomatito hizo las delicias del personal en la noche del diez en el Gran Teatro, con un amplio grupo en el que cabe destacar la presencia de Morenito de Íllora al cante y José Maya al baile, en Camaroneando. Fue un itinerario por los lugares comunes en remembranza del singular intérprete; el Gran Teatro Teatro, lleno en la ocasión, asistió complacido y lo despidió puesto en pie.
El Pele, que actuó el día once, tiene una caja de música que le permite las más diversas variaciones, y aunque no esté acertado del todo en alguna ocasión sus actuaciones siempre cuentan con gotas de esencia; mas hay que dejarlo que se abandone a su propia suerte, y no le valen las prevenciones al uso de los aficionados. Tuvo el espectáculo el título de la grabación La fuente de lo jondo; en la línea de innovación característica interpretó el famoso poema dedicado a Alfonsina Storni; introdujo el arpa sabiamente acordada por Maite García y contó con dos guitarristas de gran calidad, Manuel Silveria y Antonio de Patrocinio, hijo, que interpretó unas excelentes seguiriyas; los coros, el baile, y la percusión de El Güito tuvieron gran calidad.
El día quince actuó el guitarrista Santiago Lara en el Patio Barroco de la Diputación, en una de las raras noches de tregua del estío. Puso en evidencia un gran dominio técnico en el que a buen seguro mucho tiene que ver el magisterio de Manolo Sanlúcar, al que el guitarrista jerezano ha acompañado durante unos años. Mercedes Ruiz demostró su buen hacer en el baile, con movimientos muy armónicos que no requieren grandes espacios para sus evoluciones; fueron muy aplaudidos por El sendero de lo imposible, título de la propuesta.
Dulce Estrella es la complicidad de dos estéticas musicales que en la noche del día dieciséis se presentaron bajo la advocación al mundo del agua, desde lo atlántico de la prodigiosa voz de la portuguesa Dulce Pontes y la cercanía granadina mediterránea de Estrella Morente. Y a fe que el agua obró un sortilegio, pues demoró el comienzo de un espectáculo que hubo de ser suspendido en Zaragoza, con el manifiesto y legítimo enfado del público que no entendía el porqué de la demora. Hubo que achicar el agua para que no se convirtiera en un peligro para los técnicos de imagen y sonido. La calidad de las intérpretes hizo olvidar al público las protestas, envuelto en el aire de nostalgia de fados, canciones del folklore en las que mucho tenía que ver Lorca, las cachuchas, tangos, …; pareció obrarse un prodigio con el Gracias a la vida, interpretado al unísono por ambas y un acompañamiento musical de gran calidad para que el público acabase entregado.
Las actuaciones del ciclo flamenco del Festival culminaron el día diecisiete con Mujeres, bajo la dirección artística de Mario Maya -que asistía complacido desde su butaca- con la actuación de Merche Esmeralda, Belén Maya, Rocío Molina y Diana Navarro. Merche Esmeralda fue la feliz constatación de que la profesionalidad y el arte hacen que el tiempo se detenga, y que no es desdeñable la complicidad con valores como Belén Maya y Rocío Molina, y la colaboración en el cante de Diana Navarro. El público se puso de pie en diversas ocasiones, pues consiguieron una gran conjunción de movimientos en la armonización del baile flamenco y la danza contemporánea; interpretaron una gran variedad de estilos que tuvieron su inicio en la granaína inicial, para seguir con la saeta, soleá, seguiriya, caracoles y bulería final. El público quedó rendido y aplaudió durante varios minutos.
 
No han faltado los cursos sobre guitarra flamenca, con nombres tan singulares como Manolo Sanlúcar, José Antonio Rodríguez, Manolo Franco, Paco Serrano, de cante –Calixto Sánchez- o de baile –Mercedes Ruiz-. El alumnado, en número de cuatrocientos, procede de todos los continentes; ello es muestra de la expansión del Festival también en su vertiente formativa, así como en presentación de publicaciones (de Manolo de Badajoz y Manolo Sanlúcar), así como exposiciones sobre distintos aspectos de la guitarra. Conforma un mosaico tal que justifica sobradamente la mención del Ayuntamiento de Córdoba y del Gran Teatro como alentadoras de las manifestaciones del flamenco en sus diversas manifestaciones. No conviene olvidar que en la Noche Blanca del Flamenco celebrada el pasado veintiuno de junio se sobrepasó la cifra de cien espectáculos, junto con exposiciones, con una participación de doscientas mil personas a lo largo de las nueve horas de duración.
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