Algunos defendemos desde hace tiempo que actualmente, la verdadera identidad corporativa es el lenguaje. Y el lenguaje sólo es necesario cuando existe mensaje. Aquí, con “lenguaje Puro” de La Tobala, el lenguaje es sencillo y transparente: este es mi arte, esta soy yo y esta es mi expresión.
I
ndependientemente de que la confluencia de venas creadoras en el seno de su propio matrimonio con el inquieto guitarrista Pedro Sierra, hayan tenido mucho que ver con su carrera discográfica, Juana Salazar presenta un trabajo con matices distintos a sus anteriores experiencias. Un registro en el que predomina el intento de recuperar elementos de la tradición flamenca, bajo el prisma actualizado de una cantaora moderna y subyugada a la disciplina inexorable del compás.
Así, sin renunciar al dinamismo de un estribillo pegadizo en los tangos, bien portugueses, bien extremeños, bien bulerías festeras, bien alboreás de Jaén, cuatro cortes, los cuatro primeros que son el preludio de un magnifico desarrollo en el que queda claramente manifiesto por qué esta artista ha sido reclamada por todas los grandes bailaores para incorporarla en sus espectáculos.
Es fácil entrar en el juego rítmico de La Tobala. Es sencillo mecerse en su voz como si de un columpio se tratara, saltar con la base rítmica para jugar con la comba de su voz.
Cuatro cantes de compás, los primeros, en el que la sevillana construye un expositor de músicas tradicionales que salpica con creaciones propias. Un montón de detalles flamencos que distinguen un trabajo artístico de un disco grabado.
Cuesta entender el sentido del efecto que se persigue con la batería al principio y al final de la seguiriya, sobre todo, teniendo en cuenta que la verdadera naturaleza de la misma está en la voz. Es decir, que dicho efecto se resume a un impacto sonoro sin estrategia que pueda reforzar el precioso resultado que consigue La Tobala cantando por derecho con una base de palmas y la guitarra oportuna de Sierra. Una seguiriya, arriesgada y extensa, en la que Juana es tan flamenca y comprometida como vertiginosa y desgarrada.
Para las alegrías se busca un sonido más dulce, más liviano, que se acerque a la suavidad de sus formas. Siempre a compás y rápido, aunque sea en Córdoba, hasta que, pasando por el mirabrás, la transición hacia la bulería de Cádiz se convierte en algo natural, como antes lo fue para otros artistas, aunque no terminen de dar el pasito para adelante que La Tobala realiza.
Pedro Sierra está llegando a ese nivel que alcanzan muy pocos guitarristas. Me refiero a esa extraña virtud de ser moderno en la ortodoxia. El verdadero índice del espíritu creativo estriba en crear y sonar a nuevo dentro de una estructura prefijada. Eso es lo que encontramos en la caña/polo que Pedro Sierra introduce hasta conseguir que La Tobala, que también juega en la misma frontera, luzca más jonda que nunca en su propia creación, aunque la fórmula de cantar la caña y el polo juntos y sin interrumpir el compás se la debemos a Enrique Morente.
Y se para. Podemos imaginar cómo se sienta y su silencio nos traspasa. Vamos a hacer un homenaje a este momento. Chacón debió ser así: un homenajeador de momentos. Y La Tobala se acuerda de él y canta sus malagueñas. No puede ocultar los matices de aquello que ha escuchado siempre, de aquello con lo que se ha hecho cantaora, pero es Chacón, innegablemente, el espíritu que recrea y que mece después con un verdial de Córdoba.
El brío y el nervio de la soleá está por Cádiz. Y por esos derroteros se pasea en este palo con el acompañamiento clásico de la “bajañí”, para dar paso a la estética levantina, exactamente a dos tarantas de Almería, aunque en los créditos se indique esta cosa.
Se ha repetido hasta la saciedad que este es el disco más flamenco de La Tobala. Imagino que lo que quieren decir es que tiene menos intención comercial. En cambio yo creo que la intención sigue siendo la misma en esencia. En éste, seguramente, Juana ha tenido libertad de elección y tiempo para la creatividad, factores ambos con los que estoy seguro que no contó en sus anteriores trabajos. A todo esto hay que añadir madurez artística; pero con esto contamos, puesto que se desprende de la evolución personal en el tiempo.
A mí, La Tobala de “Lenguaje Puro” me suena tan flamenca como La Tobala de “Azul”. Pero eso sí, este es un trabajo mucho más redondo .